Verónica Paulina Yesse Samudio tenía apenas 23 años, un trabajo estable, una motocicleta nueva y una vida normal por delante. Hoy, seis meses después del accidente que le cambió la existencia para siempre, vive postrada en una silla de ruedas, dependiente de su familia para las necesidades más básicas, con dolor crónico y un pronóstico médico reservado que aún no permite saber si volverá a caminar. Su historia es el relato de cómo un cruce imprudente en la Ruta PY06 convirtió a una joven independiente en una víctima con lesiones gravísimas y secuelas que marcarán su futuro.
22 de octubre de 2025: el día que todo cambió
Eran aproximadamente las 17:10 horas. Verónica circulaba por la Ruta PY06 en dirección al centro de Encarnación. Lo hacía a velocidad reglamentaria y por el carril derecho a bordo de su motocicleta, con licencia de conducir vigente expedida por la Municipalidad de Cambyretá.
Desde la calle Marginal Norte (continuación de la avenida Víctor Matiauda, salida del barrio Santa María), surgió un camión JMC, propiedad de la empresa “EL TIMBO S.R.L”. y conducido por Daniel Fabián Duarte Valdés, chofer de profesión.
Según el informe oficial de la Patrulla Caminera (elaborado por el Subinspector Adolfo Bracho y elevado por el Inspector Principal Arístides López Zorrilla), todo ocurrió cuando Duarte Valdés intentó cruzar la ruta preferencial: “en la boca calle de esta última detuvo la marcha mirando al costado izquierdo, al no observar ningún vehículo ACELERA LA MARCHA como para cruzar la ruta momento en que se produjo el choque frontal”, reza el acta de Procedimiento N° 114/2025.
El accidente quedó registrado íntegramente por las cámaras de circuito cerrado de una empresa. El alcotest al conductor arrojó 0,000 mg/L.
A consecuencia del impacto, Verónica fue proyectada al pavimento en el carril opuesto y quedó en estado crítico. Bomberos Voluntarios la auxiliaron y la trasladaron de urgencia al Hospital General de Itapúa.
Las horas y días más críticos: intubación y dos cirugías de emergencia
Ingresó con Glasgow 7/15, hipotensión, vías aéreas ocupadas por sangre y diagnóstico principal de traumatismo craneoencefálico grave (TCE). Fue intubada de urgencia con tubo orotraqueal N° 7.5 y conectada a asistencia respiratoria mecánica en la Unidad de Cuidados Intensivos de Adultos, donde permaneció cinco días bajo sedación profunda. Los médicos de guardia la estabilizaron.
El mismo 23 de octubre, en menos de 24 horas, se le realizaron dos intervenciones quirúrgicas de emergencia:
- Toilette quirúrgico + colocación de tutor externo tipo AO en la pierna derecha por fractura expuesta segmentaria de tibia y peroné, clasificación Gustilo III-C (la más grave, con exposición ósea y alto grado de contaminación).
- Exploración vascular + bypass arterial: resección de la arteria poplítea derecha lesionada (desgarro contuso transfixiante con isquemia del miembro) e interposición de vena safena magna invertida extraída de la pierna izquierda sana (safenectomía contralateral). El parte quirúrgico advierte explícitamente: “SE CONSTATA LATIDO DÉBIL A NIVEL DEL INJERTO, MAL PRONÓSTICO PARA CONSERVACIÓN DE LA EXTREMIDAD”.
Además, sufrió hematoma periorbitario derecho, equimosis bipalpebral, herida cortante en labio superior, fractura maxilar superior derecha y anemia severa que requirió transfusión.
De la hospitalización a la realidad actual: dependencia total y futuro incierto
Verónica fue dada de alta “mejorada” el 29 de octubre de 2025, pero su recuperación ha sido lenta y dolorosa. A casi seis meses del accidente, según la querella penal y la demanda civil, la joven se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad física y funcional.
- Se moviliza exclusivamente en silla de ruedas.
- No puede valerse por sí misma: requiere asistencia total de sus familiares para trasladarse al baño, higienizarse, vestirse o cualquier actividad cotidiana.
- Padece dolor crónico e hipersensibilidad extrema; estímulos mínimos como aire acondicionado o bajas temperaturas le provocan episodios de dolor agudo.
- Está imposibilitada de retomar sus actividades laborales (constancias de trabajo y recibos de salarios fueron presentados como prueba), académicas o sociales.
- El pronóstico médico es reservado. Los especialistas, indican que el estado evolutivo aún es incierto. Deberá someterse a una nueva intervención quirúrgica y continuar rehabilitación diaria. La evaluación definitiva de secuelas permanentes y la posibilidad de volver a caminar podría determinarse recién en aproximadamente un año (doce meses). Los peritos estiman una incapacidad permanente parcial de no menos del 55 % de su capacidad laborativa total.
La historia clínica completa (130 páginas del Hospital General de Itapúa) y las fotografías postoperatorias y actuales, junto con videos que muestran su condición física, forman parte de las pruebas ofrecidas tanto en la querella penal como en la demanda civil.
La respuesta de los responsables: indiferencia total
De acuerdo con la víctima, ni la empresa EL TIMBO S.R.L., ni el conductor, ni la aseguradora SANCOR SEGUROS S.A. (póliza de seguro obligatorio vigente) brindaron asistencia económica ni humanitaria alguna.
La familia de Verónica asumió todos los costos de hospitalización, Unidad de Cuidados Intensivos, cirugías, medicamentos, materiales de osteosíntesis y rehabilitación. Esta conducta omisiva agravó el daño moral, según sostiene la demanda.
Acciones legales: querella penal y demanda civil en paralelo
El 2026, la víctima promovió una querella autónoma por lesión culposa ante el Tribunal de Sentencia de Encarnación y, posteriormente, la demanda ordinaria de indemnización de daños y perjuicios por responsabilidad extracontractual ante el Juzgado de Primera Instancia Civil y Comercial. En ambos escritos se solicita la condena del conductor (culpa grave), la empresa (responsabilidad objetiva como propietaria y empleadora) y la aseguradora (solidaria hasta el límite de la póliza).
Se ofrecen como pruebas: grabaciones, historia clínica completa, radiografías, fotografías con correlación página por página, testigos, pericia forense y psicológica, y oficios para determinar ingresos y bienes de los demandados.
Verónica Yesse, quien antes del 22 de octubre de 2025 era una joven con proyectos, trabajo y autonomía, hoy enfrenta una nueva realidad: la de una vida marcada por el dolor, la dependencia y la incertidumbre. Su caso, no solo busca justicia penal y resarcimiento civil, sino que pone en evidencia cómo un segundo de imprudencia puede truncar para siempre el futuro de una persona. El proceso judicial sigue su curso, mientras Verónica y su familia esperan que la justicia les devuelva, al menos en parte, la dignidad y el futuro que les fue arrebatado en aquella tarde de octubre.

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