Tras el informe preliminar del Departamento de Criminalística de la Policía Nacional se pudo desentramar lo que habría sido uno de los planes más macabros para robar dinero de los últimos años en Itapúa, ya que aparentemente los asesinos habrían planificado ejecutar a las víctimas y deshacerse de los cuerpos desde un principio.
El comienzo
Tres hombres oriundos de Juan E. O’Leary, departamento de Alto Paraná, viajaron a Encarnación con una importante suma de dinero en efectivo —estimada entre 350 y 370 millones de guaraníes— con el objetivo de concretar una operación de compra de oro. Se trataba de Arsenio Erico Cano González, de 52 años y ex personal policial; Justo Pastor Garcete Cano, de 50 años; y Francisco Javier Cano González, mayor de edad.
Estos habrían contactado previamente con un vendedor en redes sociales, se trata del ciudadano español Fernando Barrionuevo Urbaneja, quien solía enviar videos a los interesados mostrando lingotes de oro, joyas y otras cosas que les solicitaban las personas.
La llegada a Encarnación
Los viajes para las tres personas oriundas de Alto Paraná no eran algo atípico, sino que presuntamente solían dedicarse a recorrer el país buscando concretar compras de oro y materiales valiosos, por lo que vinieron equipados para la ocasión, ante el escenario posible de tener que dormir en alguno de los lugares donde frecuentaban.
Así fue que llegaron a bordo de un Toyota modelo Voxy de color blanco, con chapa AAII-313, y estacionaron el vehículo frente al Mini Zoológico Juan XXIII, en el barrio Quiteria de Encarnación. Punto que había sido anteriormente pautado con el español Fernando Barrionuevo Urbaneja, para tener una charla inicial y luego dirigirse al lugar donde supuestamente estaba el oro.
El inicio del plan macabro
Frente al zoológico, los tres compradores, se encontraron con dos supuestos vendedores: Fernando Barrionuevo Urbaneja y su hijo Aitor Barrionuevo Guirao.
El encuentro quedó registrado en cámaras de seguridad. Posteriormente, ante el convencimiento de los vendedores, los tres interesados abordaron la camioneta tipo Jeep Cherokee de color plateado propiedad de los ofertantes, pero no sin antes dejar todos sus teléfonos celulares dentro de su vehículo y bajar un bolso de color negro que presuntamente tenía entre 350 y 370 millones de guaraníes.
Si bien en principio el evitar el uso de los aparatos celulares en este tipo de transacciones sería algo frecuente, los españoles debían asegurarse de que ninguno rompa esta regla, es por eso que tenían un aparato detector de señal con ellos.
En ese sentido habrían sido muy estrictos, resulta que para lo que tenían planeado a continuación, una señal de celular o una ubicación habría arruinado sus macabras intenciones.
El viaje al “punto de transacción”
Una vez pautadas las reglas, tanto los vendedores como los compradores, se dirigieron en el vehículo de Barrionuevo Urbaneja hasta el predio del Parque Recreativo Natural “En el Paraíso”, ubicado en el barrio Santa María de Encarnación, sobre el kilómetro 9 de la ruta PY06. Allí Aitor Barrionuevo alquilaba una especie de casa pequeña que se asemejaba a un garaje con una habitación, cuya estructura era casi subterránea.
Se presume que en el viaje todo iba bien, todos dialogando de diferentes temas y aprovechando el paseo por la ciudad antes de concretar el negocio. Una vez que llegaron al lugar, los tres hombres habrían ingresado sin problemas al recinto, dentro había una mesa, sillas para que todos se sentaran, un contador de billetes y un detector de oro.
El momento en que todo se salió de control
Para los investigadores, según los datos que se pudieron recabar hasta el momento con la versión del sobreviviente, recién ingresados al lugar los compradores se convirtieron en víctimas.
Fernando Barrionuevo Urbaneja y su hijo Aitor Barrionuevo Guirao habrían desenfundado armas de fuego y obligado a los interesados a cumplir sus órdenes, en ese momento se habría registrado un forcejeo que dejó un desorden en los pocos objetos que se encontraban en el lugar, como por ejemplo cortinas y sillas caídas, entre otras cosas.
Finalmente los compradores fueron reducidos, maniatados con precintos plásticos blancos nuevos, cuya caja fue encontrada en la escena del crimen. A uno le colocaron una media en la boca para que se callara y a todos les “embalaron” los labios con cinta.
La ejecución
Todos estaban tirados en el suelo cerca de una pared y allí, sin mediar más palabras, fueron atacados a tiros. Arcenio Erico Cano González y Justo Pastor Garcete Cano murieron en el sitio. Uno de ellos recibió siete disparos certeros en la parte superior del cuerpo y la cabeza, además de un refilón, mientras que el otro presentó un disparo en la cabeza, presuntamente le colocaron el arma en la boca y dispararon.
Una de las víctimas fue encontrada “boca abajo” y el otro recostado sobre su lateral.
Francisco Javier Cano González también recibió un impacto de bala a la altura del cuello, del lado izquierdo, el proyectil se alojó en la parte trasera del cráneo, pero no murió.
Los asesinos, después de las ejecuciones, creyendo que todos habían muerto, taparon los cuerpos con una carpa de color negro, llavearon la puerta y se fueron con la misma camioneta que habían llegado.
El milagro del sobreviviente
Los criminales no contaban con que Francisco Javier Cano había sobrevivido al ataque. El proyectil que recibió milagrosamente no afectó órganos vitales, de hecho ni siquiera le hizo perder el conocimiento.
Según su propio relato, fingió estar muerto hasta que los atacantes se marcharon, con mucho esfuerzo pudo romper los precintos utilizados para reducirlo, rompió un ventiluz y salió corriendo a pedir ayuda.
Una vez en la ruta PY06, pidió auxilio en una herrería cercana y fue trasladado por un civil hasta el Hospital General de Itapúa. El personal del hospital alertó telefónicamente a la Comisaría 59ª del barrio Santa María sobre lo ocurrido.
El inicio de la intervención policial
De inmediato, una comitiva policial se constituyó en el parque y halló los dos cuerpos maniatados y baleados. Seguidamente se presentó en el lugar el agente fiscal Néstor Alonso, junto con la médico forense Fany Escalante. Esta última inspeccionó los cuerpos y dispuso su traslado a la morgue. También se incautaron un contador de billetes marca WWELTON de color blanco, un cenicero, un anteojo, seis precintos de color blanco y un par de calcetines. Estas evidencias quedaron a cargo del Ministerio Público.
El retorno de los presuntos asesinos
Siempre según los datos recabados en la investigación, Fernando Barrionuevo Urbaneja y su hijo Aitor Barrionuevo Guirao, habrían salido con premura para descartar las armas homicidas y el bolso negro que tenía el dinero, su recorrido en ese momento sigue siendo una incógnita, ya que esas evidencias todavía no fueron encontradas por los investigadores.
Lo más macabro viene a continuación, ya que luego de su breve viaje, los principales sospechosos retornaron al lugar donde se cometieron los asesinatos y al llegar a la entrada del predio ubicado en el barrio Santa María de Encarnación, se encontraron de frente con una comitiva policial ya constituida en el lugar.
Un testigo logró reconocer de inmediato la camioneta del español y se inició una rauda fuga, agentes alertados de distintas dependencias comenzaron una persecución que los llevó hasta el barrio “La Azotea” de San Juan del Paraná, en una vivienda que era alquilada hace unos cuatro meses por Fernando Barrionuevo Urbaneja, donde ingresó la camioneta sospechosa.
Los españoles habían retornado a la escena del crimen para comenzar el proceso de “hacer desaparecer” los cuerpos sin vida, pero no contaban con que uno de ellos sobrevivió y rápidamente se inició el operativo policial.
La camioneta de las víctimas
Alrededor de las 15:00 horas, se ubicó el vehículo de las víctimas, el Toyota Voxy blanco AAII-313, estacionado en la vía pública del barrio Quiteria, frente al zoológico. Personal de la Comisaría 37ª San Antonio Ypecuru, del Departamento de Investigaciones y Criminalística, se constituyó en el lugar junto con los fiscales Néstor Alonso y Rocío Valdez. Un cerrajero abrió el vehículo. En su interior se hallaron documentaciones personales de las víctimas fatales, cuatro aparatos celulares de distintas marcas, prendas varias, una balanza de precisión y una máquina aparentemente utilizada para la búsqueda de oro. Por disposición de los fiscales, el vehículo fue incautado y trasladado a la Dirección de Policía; las demás evidencias quedaron a cargo de la Unidad Fiscal.
La intervención final
A las 17:30 horas se constituyeron en el lugar los fiscales Néstor Alonso y Rocío Valdez, con el Oficio Nº 6783/2026 de la causa caratulada “S/ SUP. HECHO DE HOMICIDIO DOLOSO”, para dar cumplimiento al mandamiento de allanamiento. La vivienda estaba habitada por Fernando Barrionuevo Urbaneja (español), Luis Andrés Uriarte Gutiérrez (boliviano), Aitor Barrionuevo Guirao (español), Scheila Liz Magno Mosay (boliviana) y Beihit Eugenia Gutiérrez Piza (boliviana).
Se les dio lectura y copia del oficio. Se verificaron los compartimientos de la vivienda y el habitáculo del Jeep. Se procedió a la aprehensión de las cinco personas y a la incautación de evidencias, entre ellas una campera negra con capucha, un par de guantes negros, un aparato detector de señales electrónicas, un arma blanca tipo hacha, un bolso de mano, un bidón de agua de 5 litros, un cargador portátil, una chequera y documentos varios, dinero en efectivo (monto a confirmar), una caja de seguridad gris, una computadora HP de color claro, una notebook Victus de color azul marino, dos relojes Rolex, cuatro aparatos celulares, pedazos presumiblemente de oro, una camisa celeste con manchas de sangre en el cuello, una corbata azul, una chaqueta negra y dos calzados marrones.
Los tres hombres quedaron aprehendidos en la sede del Departamento de Investigaciones y las dos mujeres en la Comisaría 116ª de Mujeres. El Jeep y las evidencias fueron trasladados al Departamento de Investigaciones. El procedimiento fue supervisado por el director de Policía de Itapúa, comisario general inspector Hilario Godoy Mantefli, y el director de Investigación de Hechos Punibles, comisario general inspector Javier Flores.
El informe de criminalística
La suboficial Natalia López dio a conocer posteriormente los principales hallazgos del trabajo pericial desarrollado en la escena del crimen. Al llegar a la vivienda, los intervinientes encontraron a las dos víctimas sin vida, ambas con las manos y los pies atados mediante precintos plásticos y con la boca cubierta con cinta de embalaje. Uno de los fallecidos presentaba además una media introducida en la boca y una única herida de bala en la cabeza, mientras que el otro recibió siete impactos de proyectil y un roce de bala, totalizando ocho lesiones. Los cuerpos fueron hallados en distintas posiciones: uno en decúbito ventral y el otro recostado sobre su lateral izquierdo.
Durante la inspección, los peritos constataron signos de desorden, como un cenicero roto y cortinas caídas, además del hallazgo de una máquina contadora de billetes y un proyectil compatible con un revólver calibre 38. López indicó que el sobreviviente habría logrado salir por una ventana tipo ventiluz, aunque no pudo precisar de qué manera consiguió romperla o forzarla. Uno de los datos más relevantes es que, de acuerdo con el relato del sobreviviente y la información recabada, los presuntos autores habrían regresado a la vivienda con la intención de retirar los cuerpos, pero al observar la llegada de la patrullera policial emprendieron nuevamente la fuga.
Respecto a las víctimas, confirmó que ninguna tenía consigo documentos personales ni teléfonos celulares. Estos aparatos fueron encontrados posteriormente durante la inspección del vehículo en el que se desplazaban, junto con mochilas, ropa, almohadas y edredones, elementos que quedaron incautados para las pericias correspondientes.
En el allanamiento de la vivienda de San Juan del Paraná, los investigadores practicaron pruebas de nitrito y nitrato al ciudadano español y a su hijo para determinar si efectuaron disparos con arma de fuego. Durante la inspección de la camioneta de los sospechosos se halló una campera con capucha similar a la observada en imágenes de circuito cerrado, un detector de señales electrónicas y un arma blanca de gran tamaño ubicada en el baúl del vehículo. La perito explicó que el detector de señales tiene la función de identificar la presencia de dispositivos electrónicos como teléfonos celulares o cámaras, diferenciándose de un inhibidor, cuyo objetivo es bloquear las comunicaciones.
Finalmente, señaló que los sospechosos presentaban únicamente lesiones leves en los brazos, mientras que las víctimas no registraban heridas compatibles con forcejeos o defensa, lo que refuerza la hipótesis de que fueron reducidas y amenazadas antes de ser ejecutadas.
Un crimen premeditado
Basado en todas las pruebas recolectadas hasta el momento, se puede presumir que los españoles sospechosos de haber cometido el doble homicidio, tenían planeado su manera de actuar desde el principio, con las intenciones de terminar con la vida de los tres compradores y quedarse con su dinero.
El hallazgo de un arma blanca de gran tamaño durante el último allanamiento no descarta la hipótesis de que ese objeto haya sido llevado al barrio Santa María de Encarnación, donde ocurrió el crimen, para ser utilizada en un posible desmembramiento de cuerpos para hacerlos desaparecer por completo.
Los presuntos asesinos habrían cometido un solo error dentro de su plan macabro, que fue no asegurarse de ejecutar a todos, ya que el sobreviviente pudo desentramar uno de los crímenes más terribles ocurridos en los últimos años y permitir una rápida intervención policial que descolocó los planes iniciales.

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