A sus 82 años, Olga Titina Sosa de Tillería conoce cada rincón del barrio San Roque de Encarnación. Allí nació, allí construyó su vida y allí permaneció durante décadas. Hoy, sin embargo, pasa sus días prácticamente sola, postrada en una cama y esperando que alguien toque su puerta.
Su historia fue conocida a través de sus vecinos, quienes desde hace más de un año se organizan como pueden para asistirla. Le llevan alimentos, leche, yogur y pañales, pero reconocen que sus posibilidades son limitadas porque también deben trabajar y atender sus propias obligaciones.
Doña Titina recibe una pensión de G. 700.000 al mes. Ese dinero debería alcanzar para alimentación, servicios básicos y pañales, pero en la realidad este dinero termina resultando escaso y apenas cubre sus necesidades. Debido a su condición, necesita asistencia permanente para cuestiones tan básicas como alimentarse, higienizarse y cambiarse.
Sus vecinos aseguran que durante el día y especialmente por las noches suele llamarlos desesperadamente. No siempre necesita algo material: muchas veces, simplemente busca compañía.
“¿Te gustaría que la gente venga a visitarte?”, le preguntaron durante la entrevista.
“Por supuesto. Mi casa siempre abierta”, respondió.
Pero detrás de esa respuesta hay un deseo todavía más profundo. Doña Titina tiene una hija adoptiva a quien hace aproximadamente un año no ve. Tampoco conoce todavía a sus dos bisnietos, un niño y una niña.
“¿Querés verlos?”, le preguntaron.
“Sí”, respondió, con la ilusión intacta.
Hoy, sus vecinas son su principal sostén. Incluso acudieron a instituciones como la Policía, Defensoría, Ministerio Público (su caso se encuentra en la Unidad 7) y otras dependencias municipales buscando asistencia, pero aseguran que la ayuda concreta todavía no llegó.
Por eso recurren nuevamente a la solidaridad. No solo necesitan pañales y alimentos. Doña Titina necesita compañía, cuidados y, sobre todo, no sentirse olvidada.
Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al 0984 878 345. La vivienda está ubicada sobre Teniente Roja Silva, entre Lara Castro y Piché Domínguez, en el barrio San Roque de Encarnación.
A veces, ayudar no significa hacer algo extraordinario. Para una persona que pasa sus días sola, puede significar simplemente abrir una puerta, sentarse a conversar y hacerle sentir que todavía importa.
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