EL ENGAÑO DE LA COMPRA DE ORO Y EL DOBLE CRIMEN EN ENCARNACIÓN 



Tres hombres oriundos de Juan E. O’Leary (Alto Paraná) viajaron a Encarnación con una importante suma de dinero en efectivo —según fuentes oficiales y extraoficiales, entre 350 y 370 millones de guaraníes— para concretar una operación de compra de oro. Se trataba de Arcenio Erico Cano González (52 años, ex personal policial), Justo Pastor Garcete Cano (50 años) y Francisco Javier Cano González (mayor de edad, herido).

Llegaron a bordo de un Toyota Voxy blanco, chapa AAII-313. Estacionaron el vehículo frente al Minizoológico Juan XXIII, en el barrio Quiteria. Allí se encontraron con los supuestos vendedores (dos hombres). El encuentro quedó registrado en cámaras de seguridad. Posteriormente abordaron una camioneta tipo Jeep Cherokee de color plateado en la que viajaban los supuestos ofertantes y fueron conducidos hasta el predio del Parque Recreativo Natural “En el Paraíso”, ubicado en el barrio Santa María de Encarnación (kilómetro 9 de la ruta PY06).

En el lugar, los tres hombres fueron reducidos, maniatados con precintas blancas y atacados a tiros. Arcenio Erico Cano y Justo Pastor Garcete murieron en el sitio. Arsenio recibió múltiples disparos, mientras que Garcete recibió un disparo en la boca.

Fuga y posterior localización

Los autores se apoderaron del dinero de sus víctimas y rápidamente se dieron a la fuga con dirección a San Juan del Paraná. Con lo que no contaban, era que Francisco Javier Cano sobrevivió al ataque, esto a pesar de recibir un disparo a la altura del cuello lado izquierdo. 

Según su propio relato, fingió estar muerto hasta que los atacantes se marcharon y logró salir por sus propios medios del predio del parque. Una vez en la ruta, pidió auxilio a transeúntes en la ruta y fue trasladado hasta el Hospital General de Itapúa (HGI), dónde finalmente el personal del hospital alertó telefónicamente a la Comisaría 59° Barrio Santa María sobre lo ocurrido.

De inmediato, una comitiva policial se constituyó en el parque hallando los dos cuerpos maniatados y baleados. Seguidamente se constituyó en el lugar el Agente Fiscal Abog. Néstor Alonso junto con la Médico Forense Dra. Fany Escalante. Esta inspeccionó los cuerpos y dispuso su traslado a la morgue del Hospital Regional de Encarnación. Así también se incautaron: un contador de billetes marca WWELTON color blanco, un cenicero, un anteojo, seis precintas de color blanco y un par de calcetines. Estas evidencias quedaron a cargo del Ministerio Público.

Las declaraciones de Francisco y las imágenes grabadas fueron clave para ubicar rápidamente el rodado de los atacantes: un vehículo de la marca Jeep, color plata, con chapa KAL998. Personal del Departamento de Automotores lograron localizar el vehículo, cuyo conductor no detuvo la marcha y fue seguido hasta una vivienda en el Barrio La Azotea, Distrito de San Juan del Paraná.

Allí se halló el Jeep estacionado en el quincho. Efectivos policiales dialogaron con Marcos Daniel Arca, quien manifestó haber alquilado la vivienda hacía tres meses a un hombre de nacionalidad española identificado como: Fernando Barrionuevo Urbaneja.

A las 17:30 horas se constituyeron en el lugar los fiscales Néstor Alonso y Rocío Valdez con el Oficio Nº 6783/2026 (causa caratulada “S/ SUP. HECHO DE HOMICIDIO DOLOSO”) para dar cumplimiento al mandamiento de allanamiento. La vivienda estaba habitada por:

  • Fernando Barrionuevo Urbaneja (español)
  • Luis Andrés Uriarte Gutiérrez (boliviano)
  • Aitor Barrionuevo Guirao (español)
  • Scheila Liz Magno Mosay (boliviana)
  • Beihit Eugenia Gutiérrez Piza (boliviana)

Se les dio lectura y copia del oficio. Se verificaron los compartimientos de la vivienda y el habitáculo del Jeep. Se procedió a la aprehensión de las cinco personas y a la incautación de evidencias, entre ellas:

  • Campera negra con capucha, par de guantes negro, aparato inhibidor de frecuencia, arma blanca tipo hacha, bolso de mano, bidón de agua de 5 litros, cargador portáti, chequera y documentos varios, dinero en efectivo (monto a confirmar; reportes periodísticos mencionan unos 15 millones hallados), caja de seguridad gris, computadora HP color claro, notebook Victus (o Victuz) color azul marino, dos relojes Rolex, cuatro aparatos celulares, pedazos presumiblemente de oro, camisa celeste con manchas de sangre en el cuello, corbata azul, chaqueta negra y dos calzados marrones.

Los tres hombres quedaron aprehendidos en la sede del Departamento de Investigaciones y las dos mujeres en la Comisaría 116° de Mujeres. El Jeep y las evidencias fueron trasladados al Departamento de Investigaciones. El procedimiento fue supervisado por el Director de Policía de Itapúa, Crio. Gral. Insp. Hilario Godoy Mantefli, y el Director de Investigación de Hechos Punibles, Crio. Gral. Insp. Javier Flores.

Localización del vehículo de las víctimas

Vale mencionar que durante todo este procedimiento, alrededor de las 15:00 hs también se ubicó el vehículo de las víctimas, un Toyota Voxy blanco AAII-313, estacionado en la vía pública del barrio Quiteria. 

Personal de la Comisaría 37° San Antonio Ypecuru, del Departamento de Investigaciones y Criminalística, se constituyeron en el lugar, junto con los fiscales Néstor Alonso y Rocío Valdez. Un cerrajero abrió el vehículo. 

En su interior se hallaron documentaciones personales de las víctimas fatales, cuatro aparatos celulares de distintas marcas, prendas varias, una balanza de precisión y una máquina aparentemente utilizada para la búsqueda de oro. 

Por disposición de los fiscales el vehículo fue incautado y trasladado a la Dirección de Policía; las demás evidencias quedaron a cargo de la Unidad Fiscal.

La hipótesis hasta el momento

Según declaraciones posteriores de autoridades, se trata de un hecho planeado. Fernando Barrionuevo Urbaneja habría contactado a las víctimas para la falsa venta de oro. Los españoles habrían ingresado al país en abril y vivían junto a los bolivianos. El sobreviviente sindica directamente a los detenidos. 

Ni el grueso del dinero robado ni las armas utilizadas en el homicidio fueron hallados en el allanamiento; el oro ofrecido presumiblemente nunca existió y se incautó un mineral similar que no tiene valor comercial. 






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