Una niña de 13 años fue intervenida con éxito en el Hospital General de Itapúa por una malformación congénita de la columna torácica que le provocaba escoliosis estructural progresiva, con riesgo de derivar en una deformidad mayor y compromiso funcional a futuro.

Tras la cirugía y el correspondiente proceso de recuperación intrahospitalaria, la paciente recibió el alta médica y continúa con buena evolución clínica, bajo seguimiento especializado de los servicios de Neurocirugía y de Fisiatría y Rehabilitación.
De acuerdo con el informe médico, la adolescente presentaba una hemivértebra dorsal, alteración congénita caracterizada por el desarrollo incompleto de una vértebra, lo que genera una desviación progresiva de la columna. Este tipo de malformación puede acentuarse durante el crecimiento, producir una curva rígida y afectar el equilibrio corporal. En casos severos, incluso puede comprometer la función respiratoria y la calidad de vida.
El equipo médico realizó la resección completa de la hemivértebra mediante un abordaje posterior, es decir, desde la espalda, lo que permitió retirar en bloque el segmento óseo malformado y liberar la deformidad rígida que condicionaba la desviación.
Posteriormente, se efectuó una corrección instrumentada con la colocación de tornillos pediculares y barras especiales para estabilizar la columna y alinear la curva dorsal. Este sistema de fijación interna permite mantener la corrección mientras se consolida la fusión ósea.
La intervención se desarrolló bajo monitorización neurofisiológica intraoperatoria, técnica que permite controlar en tiempo real la función de la médula espinal y los nervios durante el procedimiento, ofreciendo mayor seguridad al posibilitar la detección inmediata de cualquier alteración neurológica.
Según el reporte, se logró una corrección armónica y estable de la curva, con adecuada restauración del balance espinal tanto en el plano sagital como coronal, con resultados satisfactorios desde el punto de vista clínico y radiológico.
La cirugía contó con la colaboración del servicio de Cirugía Cardiotorácica y la participación de un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de anestesiología, instrumentación quirúrgica, enfermería y neurofisiología. El procedimiento estuvo a cargo de los neurocirujanos Cyril Guilbert, Cristiam Miltos y Andrés Villalba, con la asistencia de Rodrigo Otazú en Cirugía Cardiotorácica y de Paula Peralta en Anestesia.


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