La doctora Lorena Knöpfelmacher, es una médica veterinaria paraguaya, cuyo activismo en favor de la preservación y valoración de la vida silvestre, recibió el sobrenombre cariñoso en redes sociales de “Dra. Mykurẽ”. Nos cuenta que su sensibilidad hacia la fauna y su vocación científica, nació desde muy temprano.

“Crecí en San Bernardino, en contacto directo con la naturaleza, observando desde muy pequeña a los mykurẽ convivir en nuestro propio patio. Me llamaba profundamente la atención su apariencia y su comportamiento. En más de una ocasión caían en la pileta y, siendo todavía una niña, yo misma les colocaba ramas o palos para que pudieran salir sin lastimarse”, cuenta Lorena.

“Desde chica sentí una gran admiración por estos animales, al igual que por los monos, ya que el mykurẽ tiene comportamientos que recuerdan tanto al gato como al mono: es curioso, ágil, inteligente y muy observador. Esa mirada y ese vínculo temprano con la fauna silvestre marcaron el camino que hoy sigo como profesional”, agrega.
La zarigüeya de vientre blanco (Didelphis albiventris), también conocida como mykurẽ en guaraní, es un mamífero marsupial que cumple un rol fundamental en la naturaleza. Su dieta omnívora incluye insectos, frutas, roedores pequeños, carroña y garrapatas.
¿Cómo y cuándo empezó esta cruzada por los mykurẽ?
Antes incluso de ser veterinaria, ya cuidaba mykurẽs. En mi patio de San Bernardino solía encontrar uno o dos bebés huérfanos; los criaba, los cuidaba y luego los liberaba nuevamente en el mismo lugar donde habían nacido. A veces tenía, a veces no, pero siempre fue algo natural para mí.
Con el tiempo, la gente empezó a correr la voz. Primero me traían uno, luego dos, hasta que un día una persona de Ypacaraí me acercó seis mykurẽs huérfanos al mismo tiempo. Fue ahí cuando comprendí que esto ya no era algo aislado.
Aunque en ese entonces todavía era estudiante, decidí crear una página llamada “Doctora Mykurẽ”, pensando a futuro. Me apropié de ese nombre de manera consciente, con el objetivo de resignificar la palabra “mykurẽ”, que durante muchos años fue utilizada como un insulto.
Hoy, esa palabra ya no representa desprecio, sino a un animal valorado y respetado, y ese cambio cultural fue uno de los primeros grandes logros de esta lucha.
¿Qué es el mykurẽ y cuál es su función en la vida silvestre?
El mykurẽ o zarigüeya es un marsupial nativo fundamental para el equilibrio del ecosistema.
Cumple un rol clave como controlador natural de plagas, ya que se alimenta de insectos, alacranes, cucarachas, pequeños reptiles y animales muertos, contribuyendo a la limpieza del ambiente y a la prevención de enfermedades.
Es un animal no agresivo, de hábitos nocturnos, extremadamente resiliente y profundamente incomprendido. Lejos de ser una amenaza, es un aliado silencioso de la salud ambiental y urbana.
¿Cuáles son los logros obtenidos en favor de esta especie?
Entre los principales logros alcanzados se destacan: Rescate, rehabilitación y liberación responsable de cientos de mykurẽs, aplicando protocolos estrictos para evitar la impronta humana. Además, la creación y difusión de protocolos claros para la crianza y liberación responsable; la capacitación constante a voluntarios y ciudadanos; un cambio cultural visible: hoy muchas personas llaman para ayudar y no para eliminar.
Me ha llenado de satisfacción, asimismo, el reconocimiento internacional. Obtuve el Premio “Carol y James Patton”, otorgado por la American Society of Mammalogists, por el trabajo de conservación de los mykurẽs en Paraguay. Es un premio estadounidense.
Los reconocimientos institucionales a nivel local que he obtenido, han sido: La declaración del mykurẽ como animal de interés por la Junta Municipal de Asunción; publicaciones oficiales de la Municipalidad de San Bernardino, solicitando a la ciudadanía no dañarlos.
También debo destacar la aparición de carteles informativos en clubes sociales, barrios y espacios privados, alertando sobre la presencia de zarigüeyas y promoviendo su protección.
Todos estos avances son el resultado de una campaña sostenida de concientización, trabajo territorial y educación comunitaria.
¿Cómo podemos los ciudadanos apoyar esta causa y qué debemos tener en cuenta?
Mi mensaje es claro: Un mykurẽ manso no es una victoria, es una condena. Por eso es fundamental capacitarnos para poder ayudar correctamente, especialmente en un contexto donde no existen autoridades que se encarguen de manera efectiva de la fauna silvestre urbana.
Ante esta realidad, de que quiénes están a cargo de la preservación, no la están realizando adecuadamente, la única alternativa que nos queda es la autogestión responsable, basada en información correcta, protocolos claros y compromiso ciudadano. No intervenir, o intervenir mal, también es una decisión, y muchas veces esa decisión condena al animal.
Quizás muchos deberían tomar tu ejemplo y extender este tipo de acciones a otras especies…
Cambiar la mentalidad y la cultura de un país entero es uno de los logros más grandes y menos comunes que pueden existir. Durante décadas, el mykurẽ fue perseguido, eliminado y utilizado incluso como insulto, en un contexto donde las propias autoridades desconocían por completo a la especie, sin haberla visto, estudiado ni comprendido jamás en territorio.
Ese vacío institucional, que debió haberse llenado hace muchos años, fue ocupado por la ciudadanía organizada. Y cuando finalmente el cambio cultural ya era visible, irreversible y sostenido, lo único que apareció fueron trabas que hoy ya no merecen ser nombradas, porque son de conocimiento público.
Lo verdaderamente extraordinario es cómo se logró este cambio: sin donaciones, sin padrinos, sin financiamiento, sin estructura estatal, a puro pulmón, con recursos propios, con sacrificio personal y con el acompañamiento incondicional de voluntarios que donaron lo más valioso que tiene una persona: su tiempo.
A este movimiento se sumó un aliado fundamental: la prensa, que cumplió un rol clave en la educación, la difusión y la transformación social. Los medios no solo informaron: fueron parte activa del cambio, y hoy son, sin duda, parte de la Brigada Mykurẽ
¿Cuáles son los pasos para este tipo de cambio cultural?
Los cambios culturales profundos no se decretan ni se imponen. Se construyen con años de coherencia, presencia constante y verdad.
Hoy, Paraguay vive un antes y un después en la forma de mirar al mykurẽ, y ese giro colectivo representa uno de los avances más importantes que puede alcanzar una causa ambiental: cuando una sociedad entera aprende, despierta y cambia.
Quienes deseen apoyar la causa pueden hacerlo difundiendo información correcta, denunciando el maltrato y compartiendo el material educativo disponible en mis redes sociales:
Mis contactos:
Doctora Mykure


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