LA MUJER QUE HIZO HISTORIA AL MANDO DE ÓMNIBUS ES ITAPUENSE

Cuando una mujer traspasa esa barrera social que la margina de ciertas tareas que son realizadas sólo por “hombres”, indudablemente es un hecho que merece ser destacado. Doña Viera de Alonso, domiciliada en Coronel Bogado rompió con ese tabú con un poco de temor e inconsciente del paso que estaba dando y se transformó casi sin pensarlo en la primera mujer chofer de ómnibus de nuestro departamento y quizá de nuestro país.

Corrían las décadas del 60 y 70, el centro comercial del sur de Itapúa, se concentraba en la otrora Ka’i Puente (centro de Coronel Bogado), don Leopoldo Alonso contaba con pequeños micros que recorrían diferentes compañías de varios municipios para acercar a la gente a realizar transacciones comerciales, consultas médicas u otras actividades. Debido al exceso de trabajo de don Leopoldo, Doña Viera decidió dejar sus tareas como ama de casa e ir a ayudar a su marido en un antiguo taller familiar, y posteriormente tomar el volante y realizar el itinerario de “Rápido Coronel Bogado”, un pequeño minibus de los años 50, para convertirse de esta manera en la primera mujer chofer en la historia de nuestro país.

A pesar de los grandes prejuicios machistas de nuestra sociedad, Doña Viera estaba convencida de lo que hacía y convenció a propios y extraños de que es capaz de conducir un ómnibus, aunque en principio más de un pasajero se habrá sentido inseguro. Desde muy joven Doña Viera aprendió a manejar ya que su marido nunca puso límites a su “osadía”. Su pasión por manejar era una tarea que disfrutaba permanentemente y que de algún modo es un legado de su esposo. “Nunca le cargué a mi marido para que me lleve a ciertos lugares. Cuando iba a visitar a mi mamá en Carmen del Paraná, recogía a mis hijos, tomaba las llaves y yo sola les llevaba”, afirmó.

“Hoy todas las mujeres manejan autos, camionetas y llegué a ver en Asunción que también manejan ómnibus; pero antes no se veía eso, yo era prácticamente la única, inclusive llegué a manejar tractores”, relató.

“Cuando mi marido se compró un ómnibus más grande, extendimos nuestro recorrido y traíamos pasajeros hasta en el techo. Siempre había hombres de otras empresas que se enojaban cuando le traía todos sus pasajeros”, comentó entre risas.

Agregó; “antes no había controles ni el tránsito de hoy, pero siempre era delicado transportar personas, gracias a Dios mi marido me enseñaba bien las cosas y me hacía sentir segura”.

Hoy, en la paz de su vivienda ubicada en el barrio Santa Rosa de Coronel Bogado, Doña Viera sigue afirmando que el trabajo no tiene género, que no existe trabajo que una mujer pueda hacer y animó a sus congéneres a romper ese paradigma de que hay trabajos exclusivos para hombres. “Eso es una mentira”, sentenció.



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