EL CANILLITA QUE LOGRÓ VOLAR

Roberto Insaurralde, desde muy pequeño salió a vender caramelos para ayudar en el sostenimiento familiar; siendo niño conoció el significado de las palabras sacrificio, lucha, constancia y perseverancia, todo para poder llegar a un objetivo.

Roberto, cuando era adolescente, dejó de lado la venta de cosas dulces y empezó a trabajar como canillita dentro de la Aviación, lugar donde su amor por el uniforme iba “levantando vuelo”, hasta que un día se convirtió en cadete siendo parte del cuerpo de la milicia.

Ahora, luego de 4 años donde el estudio y la dedicación lo fueron todo, sabiendo que esa era la puerta que debía abrir para poder tener un futuro como él siempre quiso, Roberto se recibió de subteniente de Aviación y pilotaje, siendo el mejor egresado, con medalla y diploma de honor.

Con voz de emoción, Pedro Insaurralde, padre del nuevo uniformado, contó que desde niño siempre se destacó y que el orgullo que siente por su hijo mayor es muy grande.

“Él cuando tenía 6 años ya salía a vender caramelos, hasta que una vecina le llevó con ella a la Aviación. A medida que iba creciendo empezó a buscar la forma de traer más dinero a la casa sin dejar la escuela. Después ya empezó a vender también diarios ahí adentro, y pronto se ganó el cariño de todos. Es un chico muy correcto”, contó don Pedro.

Don Pedro, que antes se desempeñaba como albañil, tomó ahora el puesto de su hijo como vendedor de diarios en la Aviación. “Yo me quedé en el lugar de mi hijo para vender diarios. Antes trabajaba mucho en construcciones pero desde hace seis años que estoy en esto. Hay que trabajar para conseguir el pan de cada día”, terminó diciendo el padre orgulloso y muy emocionado de su hijo mayor.

La familia Insaurralde es oriunda de la ciudad de Fulgencio R. Moreno, Caazapá, lugar que dejaron en el recuerdo para buscar progreso en la ciudad.



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